Ganadores y perdedores del Mundial 2026
El Mundial de 2026 dejó una serie de ganadores y perdedores en su camino, y no se trata solo de los equipos que levantaron el trofeo. Con el evento expandido a 48 selecciones y un total de 104 partidos, la economía alrededor del fútbol se movió como nunca antes. Empecemos a ver quién se benefició y quién no.
La FIFA se llevó una buena parte del pastel, cobrando un 15% tanto del comprador como del vendedor en patrocinios. Esto se traduce en una recaudación que se espera continúe creciendo en futuros torneos, ya que hay rumores de que se podrían incluir más equipos. Países como China e India podrían ser parte de la jugada, abriendo las puertas a miles de millones de nuevos espectadores.
Las federaciones nacionales también se verán beneficiadas, aunque aún no está claro cómo se distribuirán los ingresos generados por el Mundial. Pero de algo estamos seguros: el aumento presupuestario será significativo.
Ganadores: emisoras y patrocinadores
A pesar de que las cadenas de televisión tuvieron que gastar bastante para transmitir el torneo, el alto nivel de audiencia y el interés de los patrocinadores significó buenos resultados para ellos.
Uno de los cambios más comentados fue la introducción de las pausas de hidratación, algo que el presidente de la FIFA, Infantino, consideró esencial desde el punto de vista deportivo. Sin embargo, quien realmente se benefició de esto fue Fox Sports, que, por cuestiones legales, logró negociar derechos de transmisión a un precio mucho más bajo. ¡Imaginate! Adquirieron todo el torneo por u$s500 millones y vendieron esos derechos a otras cadenas por un asombroso u$s1.500 millones.
Además, cada partido tuvo 208 pausas publicitarias de 3 minutos. El costo de los anuncios se disparó, llegando a valores entre u$s200.000 y u$s800.000. Los patrocinadores, como Adidas y Coca-Cola, pagaron grandes sumas para tener su marca presente, y aunque hubo negociaciones complicadas, el resultado finalmente les trajo beneficios.
Curiosamente, algunas marcas no oficiales también supieron capitalizar la atención. Por ejemplo, Levi’s y Gillette encontraron formas creativas de aparecer, incluso cubriendo sus logos durante los partidos.
Las marcas también ganaron
El fervor de los hinchas por el fútbol impulsó las ventas de camisetas a nivel mundial. Nike reportó que las ventas de camisetas nacionales aumentaron más del doble respecto al último Mundial. El equipo de Inglaterra lideró en ventas, seguido por Francia, Brasil y Argentina.
Por su parte, Adidas encontró un gran éxito con las camisetas de México. JD Sports también tuvo un año récord en ventas de camisetas de Inglaterra, aunque sorprendió que Escocia pudo presumir de tener la camiseta más vendida en general.
La periodista Cee Valentina señala que las camisetas de fútbol son ahora un “básico” en la moda urbana. La Generación Z siente nostalgia por las camisetas retro, mientras que las versiones personalizadas para mujeres están ganando popularidad. Sin embargo, en medio del auge también hay un gran mercado de falsificaciones, lo que es parte de la cultura del fútbol.
Las casas de apuestas sacaron provecho
El Mundial de 2026 se convirtió en el mayor evento de apuestas de la historia, con un estimado de u$s50.000 millones apostados en total. Las nuevas regulaciones y el aumento de popularidad de las apuestas en línea permitieron que el monto promedio apostado por partido subiera a u$s500 millones.
Gracias al aumento de equipos y partidos, las apuestas en vivo superaron a las tradicionales previas al encuentro. En EE. UU., donde las apuestas deportivas son una industria emergente, hasta 2018 solo eran legales en Nevada. Tras un fallo de la Corte Suprema, muchos estados comenzaron a legalizarlas.
Sin embargo, a nivel estatal, todavía hay lugares donde las apuestas siguen siendo ilegales, como California y Texas. Allí, el crecimiento del mercado de predicciones —popular entre los jóvenes— ha visto un auge, ya que no se consideran apuestas por lo que se pueden utilizar libremente.
Perdedores: los aficionados fueron los principales perjudicados
Para muchos, asistir al Mundial fue un sueño hecho realidad. Pero para la gran mayoría, las entradas y el alto costo de todo lo relacionado al evento complicaron las cosas. Desde “precios dinámicos” que disparaban los valores según la demanda, hasta entradas para la final que llegaron hasta u$s32.970, los hinchas se vieron en una situación complicada.
El presidente de la FIFA defendió los precios al decir que son normales para eventos deportivos en EE. UU. Pero, además de las entradas, los aficionados tuvieron que enfrentar altos costos para vuelos, comida, y alojamiento. Por ejemplo, los precios de los boletos de tren subieron a u$s150 en lugar de los u$s12,90 habituales.
Ciudades anfitrionas: perdedoras
Las ciudades anfitrionas de EE. UU., Canadá y México experimentaron un aumento de turistas, pero no todo fue positivo. Aunque la FIFA estimaba que el evento aportaría u$s40.000 millones a la economía mundial, estudios sugieren que los beneficios económicos a largo plazo son escasos. Muchos visitantes evitaban las ciudades debido al caos del torneo.
La contratación en el sector hotelero sí se vio aumentada durante un breve periodo, pero suelen ser empleos temporales y mal remunerados. La creación de puestos de trabajo no siempre se traduce en una mejora real de la economía local, afirman expertos.
Los hoteles también perdieron
La demanda de habitaciones de hotel no alcanzó las expectativas. Las asociaciones del sector reportaron menos reservas en las ciudades anfitrionas en comparación con años anteriores. La FIFA fue acusada de reservar demasiadas habitaciones para su propio uso, creando una demanda artificial que no se materializó.
En definitiva, este Mundial trajo consigo una mezcla de ganadores y perdedores, donde algunos se beneficiaron sustancialmente mientras que otros enfrentaron desafíos económicos significativos.